Sín Título ~ArgValpo~

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Sín Título ~ArgValpo~

Mensaje  Hikari el Dom Feb 13, 2011 3:37 am



Ana siempre ha tenido un concepto equivocado a lo que es el "amor" realmente, aunque no le cueste para nada admitir una que otra vez, que todas las heridas en su corazón que ya tiene, ha sido por eso. Pero, realmente...sinceramente...¿Qué es amar de verdad? ¿Cómo sabes cuándo amas a alguien? Casi siempre se hacía esa pregunta la muchacha, cuando andaba sola vagando por el puerto, vigilando prácticamente que marinos llegaban y salían al mismo tiempo de tanta embarcación.

Esa era (y es) su rutina diaria: levantarse temprano por mera costumbre, ir a dar la hora al puerto, especialmente cuando sabía a través de malas lenguas que se avecinaba la Esmeralda en época de viaje y...cuando así era, acababa (también como una rutina) en el bar más cercano cuando ya era de noche. ¡Beber la aliviaba! ¡Beber la enceguecía y le hacía soltar sus penas al barman, aunque estuviera sola y borracha, tentando sin querer a los babosos necesitados que rondaban por ahí! (Donde realmente se dejaba llevar a su suerte y...era "rutina" el amanecer una que otra vez en cama que no era la suya exactamente).
Para colmo, este día Lunes 14 de Febrero,no era una excepción a lo que ya ha vivido más de una ocasión, claro que no; porque especialmente hoy, justamente hoy, día de los estúpidos enamorados (como solía llamar la porteña a esta festividad), le dio un extraño ataque de nostalgia, que la hizo repasar mentalmente todas pero todas las relaciones fallidas que ha tenido con la mayoría marineros de buena facha, llevándola "accidentalmente" a parar al bar de siempre, con el barman de siempre, con los otros desdichados que esa noche abundaban como si de moscas atraídas por alguna fruta, de preferencia dulce, se tratara. Y ahí Ana estaba, sentada, con el celular en la mano, aguantándose las ridículas ganas de llorar y claro, borracha, hablando y haciendo lo primero que se le viniera a la mente.

- ¡Putísimo día de los weones hic enamorados! No es más que día de desgracia pa' los pobres cagá'o cómo nosótro', ¿¡o no cúmpa'?! -le exclamó al chico de al lado, que era de cabellos castaños y mucho menor que ella, jovenzuelo que recién aprendía de seguro el sabor amargo a desdicha, deshonor, a ese sentimiento de...de...¡de cuánta rabia que jueguen con tú ingenuo corazón! Había dejado su celular a un lado, y sabrá Dios cómo habrá hecho esta salvaje, se subió a la barra, con su copa de vino casi desbordada de su contenido, ella medio tambaleándose y todos los ojos rojos e hinchados de llorar, atentos a su osadía- ¡LEVANTE LA MANO, QUIÉN NO HA SUFRÍ'O POR AMOR! -y no es que se halla acordado de la canción de Américo, pero es lo primero que se le vino a la mente, para demostrar su grandiosa persona delante de la bola (igual o peor) de amargados que ella. En el lugar abundó un silencio increíblemente lleno de respeto, y claro, ninguna mano se alzó, como ella imaginaba que iba a pasar (con las pocas neuronas que tenía sobrias en ese instante). Frunció el ceño, con las mejillas ardiéndole de ebriedad, ahora medio perdiendo el equilibrio en su lugar- ¡QUE NO NOS IMPORTE NI'UNA WEÁ AHORA, CONSHESUMADRE! ¡MANDEMOH A LA MIERDA TÓO' CÓMO E'DEBÍ'O Y QUE SE REVUELQUEN LOS PUTOS Y PERRAS EN SU ESTÚPIDA CELEBRACIÓN DE WEONES ENAMORÁ'OS, QUE GASTAN PLATA Y TÓ'A LA ONDA, POR UN CULIA'O QUE LES JURA AMOR ETERNO Y AL OTRO DÍA SE MANDA CAMBIAR CÓMO SI NÁH! ¡VIVÁMOH LA VIDA WEÓN! ¡VIVAN LOS SOLTEROS! -dicho esto último, en el lugar a coro de voces tanto masculinas como femeninas empezaban a mascullar entre sí, para luego alzar sus respectivos vasos y copas de licor, y acompañar el menudo discurso que se había mandado nuestra querida porteña.

¡Era la heroína! ¡La salvadora! ¡La TodoPoderosa de los soterones! ¡¿Por qué se había sentido toda una mierda hace un rato?! ¡Era estúpido! ¡Era...de weones! Seguro que el virus del tarado andaba brotándole a ella también, pero como era increíble, una Diosa, lo superó gracias a unas cuántas copas de todo (y mezclado incluso) y a su irreversible ego interior. Sonreía como una estúpida, pero eso era efecto del alcohol, claramente, y luego de eso, sintió que el "mundo le daba vueltas", habían maripositas rosadas (así como las poleras fucsia de los gays orgullosos de su raza especial) revoloteando por todas partes, y un ambiente notoriamente caluroso para ella...que la hicieron llevar a sentir lo que era un verdadero golpe al suelo, con copa y todo. Obviamente que con orgullo y soltería también.
¿Era el cielo? ¿El infierno? O simplemente estaba siendo "amada" por uno de sus ex, sus sexyes y machos ex. El barman se alarmó, junto a todo el resto y, el primero por mera inercia, cogió el celular de la chica, marcando al último contacto que había hecho una llamada al número de la porteña el día de hoy...¿Y qué mejor cosa que Martín, el argento groso de la historia? ¡Era obvio que seguro se espantaría al ver "inerte" a la chica en el suelo! Pero no había mejor opción que esa, además de que siempre como todos los años, era la misma cosa; Ana hacía un show de superioridad, caía, el barman siempre marcaba al número de Martín y el rubio siempre acababa llevando a la muchacha en la espalda, alejándola del lugar, pidiendo perdón por las molestias ocasionadas, y finalmente, llevándola a su departamento (y no nos referimos al departamento de la desmayada).
Y ésta oportunidad, no era la excepción.

~~
El argentino llevaba dos cuadras recorridas, con una cara de cabreado y observando fijamente la luna que brillaba en el cielo. Se suponía que pasar sus vacaciones ahí en Valparaíso en verano, debía ser un verdadero "paraíso", en vez de tener que acabar todo 14 de Febrero, cargando a una borracha en la espalda, a una borracha que lamentablemente le gustaba a morir desde que se había topado con ella por mera casualidad de la vida en casa de Manuel, y por ende, desde entonces viajando todos los años siguientes a ese encuentro, a vacacionar a la hermosa ciudad que ciertamente, guardaba su toque especial al mezclar "vejestorio" más "intento de modernidad". Aunque ese no era el punto, le gustaba pasar su enojo con sólo recordar a la otra siendo amable con él, no cómo le trata ahora a puras groserias, manotones, patadas y demases maltratos existentes a su grosísima y actual persona.
La chica en su espalda no pesaba gran cosa, siendo sincero, era liviana como una pluma. A pesar de que por más que deseara y pidiera a Maradona no sonrojarse por el efecto de la respiración tranquila de la chica chocar con su cuello, era prácticamente imposible evitarlo. Le ponía los pelos de punta y por lo tanto, le hacía parecer un idiota afiebrado y avergonzado que camina por ahí, con otra idiota afiebrada de borrachez realmente notoria a leguas de distancia, y que realmente dudaba que si estuviera consciente, andaría...avergonzada como él. Carcajeaba a veces el argentino por lo bajo, haciéndose ideas de cómo fue a parar en el suelo la porteña, porque cada año (aunque siempre acabara cargándola en su espalda) era una historia distinta, un "hecho histórico" diferente. Por eso se puso a recordar cómo habían sido las ocasiones anteriores, en las que la misma porteña, mientras bebía al otro día la pastilla para la resaca, le relataba lo poco y nada que recordaba antes de caer/dormirse en la barra/actuar infantilmente en el lugar, antes de que él llegara a su rescate y parecer su príncipe azul después de todo.
-Si serás boluda... -masculló por lo bajo, riendo levemente y diciéndolo a la vez con un tono todo tierno. Ana, siempre pero siempre, sin querer ella misma hacerlo, le provocaba demasiada ternura con sus acciones infantiles a la hora de hacer sus mohínes con él, lo cual la hacía enojar más aparentemente de lo que ya estaba cuando Martín le expresaba con palabras dulces y a la vez seductoras cuán linda se veía con sus muecas y expresiones raritas en la cara. ¿Por qué le molestaba tanto? Al final siempre ese sonrojo que le aparecía a la chica, le respondía y dejaba claro que "le agradaba" que él fuera tan genial con halagarla y subirle el ego que sabía que ella tenía guardadito en lo profundo de su ser, como también ese lado meloso que tanto se forzaba a controlarlo y que no saliera.
Mientras el otro se perdía entre sus pensamientos, la porteña comenzó a musitar cosas por lo bajo, como despertándose de su "sueño" pasajero y medio moviéndose, aunque de forma muy vaga.
-Mar...tín...argento...hic...culia'o... -susurró con ese tono perezoso que siempre se hace presente en alguien en su estado, entreabriendo esforzadamente los ojos, para ver todo borroso pero aún así, deduciendo que la cabellera rubia ajena correspondía claramente a la del argentino, además de ese perfume que usaba siempre y que a leguas delataba que era él.
El aludido se sobresaltó levemente, no esperando que la chica despertara en medio del camino, aunque eso no detenía por nada del mundo su marcha; estaba más que seguro que le pediría que se apresurara de una vez, que un caracol iba más rápido y que prefería mil veces ser dejada ahí para irse por su cuenta a casa. ¡Sabía lo testaruda que era su querida porteña! Absteniéndose a mayores comentarios, sólo asintió levemente a su llamado, porque después de todo, tantas han sido las veces en que le llamaba con ese insulto que incluso hasta responde a este, ya todo acostumbrado.
-¿Qué querés, Anita? -le dijo mientras caminaba mirando al frente, ni loco preguntándole algo al respecto o bromeando con su estado. Sólo se mantuvo neutral, aunque no tanto como para agregar distante.
-Quiero...¡Quiero que sepá'i algo, aweona'...hic, 'o! -volvió a murmurar con voz ebria y cansina, justo al oído del otro, provocándole a Martín un pequeño escalofrío pero sin demostrar en lo absoluto nerviosismo que le daría a cualquiera.
-Por eso, te insisto, ¿qué querés? -su voz era profunda, seria y aparentemente demostraba cuánto enojo le producía el tener que soportar a la otra en ese estado en medio de la calle.
-¡Te...! Te am...hic... -la otra no podía terminar la frase, y levantando su mentón de dónde estaba, apoyó levemente su frente contra la nuca ajena, como queriendo pedir perdón con eso e intentando, a su vez, concentrarse en lo que iba a decir con la cabeza en las nubes y en un mundo "Amor y Paz para todos".
No era primera vez que ella hacía eso. Siempre le tomaba el pelo al respecto, burlándose y tomando para la broma todo aquello de los sentimientos que realmente no eran del todo un chiste barato y de mala onda. Se detuvo en seco, levemente cabizbajo, ignorando la pequeña muestra de disculpa que hacía la otra...¿por qué debía hacerle caso a una borracha? ¡Nada más eso era! ¡Una borracha que no sabe lo que dice! Quizás era Ana, pero no era su Ana, esa que se esfuerza por no hacer obvio lo que sí era, esa que vivía negándole esos sentimientos que notoriamente sí eran correspondidos de una forma bastante extraña. Ana borracha simplemente no es ni fue ni será la sombra de la porteña cuando está normal.
Soltó un suspiro pesado y retomó su marcha, en silencio, sin reprenderle nada a la otra porque sólo gastaría saliva en repetirle lo mismo de todos los años, caminando de nuevo e ignorando que la otra podía llegar a estallar en una fastidiosa rabieta porque la ha ignorado por su propio bien.
-¿Tincho...hic? -cuestionó la otra, despegando su frente de la nuca del otro y observando fijamente la cabellera rubia, llena de perfume masculino. Bajó levemente la mirada, notando que había sido completamente ignorada y que el otro ni por si acaso se había hecho notorias ilusiones como siempre que decía eso...que por ahora, realmente sentía que le quedaba un poco de conciencia. Su ella verdadera, por así decirse, al fin se dio cuenta de manera inconciente por fuera que con esos sentimientos no se jugaba; quizás el argentino eso quería demostrarle con que ahora no le hubiera respondido ni por si acaso a su mala "jugada"...y que todas las cosas desafortunadas que le habían ocurrido respecto al amor, quizás ella misma se las había ganado y prácticamente merecido, sin ser masoquista con eso claro. Siguieron ambos por todo el camino en silencio, ya que no había comentarios que agregar a la situación, ni el argentino, ni la porteña. Era sorprendente que le hubieran funcionado anteriormente por un rato sus neuronas en huelga...para que inútilmente al otro día no recordara nada de lo que había pensado/dicho/hecho con "sabiduría" en un instante de su borrachera, se fuera a la misma mierda.
De todas formas...¿Ya habría tiempo para que apareciera alguien que le ayudara a recapitular lo que le dio vueltas mientras estaba ebria? Claro que sí.
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